9 de mayo de 2026
Cuando alguien llega a nosotros con su primera web hay casi siempre la misma energía: quiero que sea espectacular, que tenga de todo, que impresione a quien la visite. Y ese entusiasmo está buenísimo. El problema es que "tener de todo" en la primera versión es una de las formas más seguras de nunca terminar el proyecto, gastar más de lo necesario, o lanzar algo que en realidad no necesitabas.
Estas son las 3 cosas que más frecuentemente pedís y que casi siempre recomendamos dejar para después.
Las animaciones que ves en webs premiadas de Awwwards o en portfolios de agencias de diseño se ven muy bien. También tardan semanas en implementarse bien, añaden peso a la página y a veces interfieren con la usabilidad en mobile.
Lo que realmente importa en una primera web: que cargue rápido, que se vea bien en celular, y que el mensaje principal sea claro en menos de 5 segundos. Eso se logra con un diseño sólido, buena tipografía y jerarquía visual, no con partículas animadas.
Las animaciones sutiles — transiciones suaves, hover effects simples — sí aportan sin complicar. Las cinematográficas son para la versión 2.0.
La sección de testimonios es uno de los elementos más poderosos para generar confianza. Pero cuando tu negocio es nuevo o tu web es nueva, la tentación es inventar testimonios genéricos, usar fotos de stock de personas sonrientes con nombres inventados, o pedirle a tus amigos que escriban algo aunque nunca hayan sido clientes.
Eso es peor que no tener testimonios. La gente detecta la falsedad instantáneamente.
Qué hacer en cambio: si no tenés testimonios reales todavía, no pongas esa sección. En su lugar, mostrá tu proceso de trabajo, tus proyectos anteriores, o explicá claramente cómo trabajás y qué garantías ofrecés. Cuando tengas testimonios reales, los agregás.
Muchos clientes piden un blog porque "ayuda al SEO". Y sí, un blog bien mantenido ayuda muchísimo. La palabra clave es bien mantenido.
Un blog con 3 artículos publicados hace 8 meses no ayuda al SEO. Peor aún: le dice al visitante que el negocio no tiene actividad, que nadie lo actualiza, que tal vez ni esté abierto todavía.
Qué hacer en cambio: si no tenés tiempo o ganas de escribir contenido con regularidad, no hagas un blog en la primera versión. Invertí ese presupuesto en mejorar el copy de tu página principal o en una página de preguntas frecuentes bien armada (que sí ayuda al SEO y no requiere actualizaciones constantes).
Si en algún momento querés empezar un blog, lo agregás cuando estés listo para mantenerlo.
Lo demás, cuando el negocio lo pida.
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